La piel, abrigo natural del cuerpo, es reconocida como el órgano más extenso y pesado del organismo, ya que mide entre 1.5 y 2 metros cuadrados, y su peso es de 2 a 3 kilogramos, además de ser la estructura más visible, evidencia el paso del tiempo y es parámetro de belleza para algunas culturas, así mismo en muchos casos nos indica que el estado de salud no es óptimo. Su principal tarea es protegernos de las agresiones ambientales e igualmente se encarga de regular la temperatura corporal y percibir estímulos de dolor y placer.

 

Se divide en tres capas:

 

Epidermis: Es la parte más superficial, se regenera cada 4 semanas aproximadamente, su espesor es de un milímetro y sus funciones más importantes incluyen mantener nivel de hidratación adecuado y proteger de la radiación solar, ahí se alojan células encargadas de renovar la piel y de la pigmentación.

 

Dermis: Su grosor es de 4 milímetros, proporciona elasticidad y tersura a la piel, y en ella se alojan numerosos vasos sanguíneos que aportan nutrientes, glándulas sebáceas y sudoríparas, así como los folículos donde se produce el vello.

 

Hipodermis: También se le conoce como tejido subcutáneo y es la capa más profunda de la piel, la cual contiene numerosas células productoras de grasa.

 

De manera natural la piel genera grasa a través de las glándulas sebáceas, con la que se mantiene lubricada y libre de infecciones, pero la cantidad de esta sustancia varía de una persona a otra, es por eso que existen diferentes tipos de piel:

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